Se ubica en la Sierra de Catorce, por lo cual el clima que predomina es muy frío, con presencia de viento la mayor parte del tiempo. Fue en el año de 1767 cuando se fundó este legendario pueblo, a raíz del feliz hallazgo de ricas vetas, principalmente de plata. Fue, en algún tiempo, el centro minero más importante de la región, con una población que superaba los 30 mil habitantes, los cuales abandonaron este lugar en la primera década del siglo XX.
Las haciendas de beneficio dejaron de trabajar, recortando el número de operarios. Se abandonó el sistema de desagüe debido al exceso de agua acumulado en los túneles de las minas, quedando vedadas a toda explotación y, por si fuera poco, en distintas partes del país se habían creado enormes fundiciones y refinerías de metal por compañías extranjeras, utilizando mejores y modernos métodos para beneficiar los concentrados. Ante estos hechos las haciendas de beneficio locales no podían competir. Lenta y penosamente comenzaba la emigración, hasta dejar casi en el abandono total a un pueblo que, sin embargo, se resistía a desaparecer.
En la actualidad son pocos los habitantes que viven en el lugar. Real de Catorce, cuyo nombre es un misterio, ya que existen varias versiones de su origen, pero ninguna ha sido comprobado. Lo importante es que Real de Catorce se mantiene en pie gracias en gran parte a sus historias y leyendas llenas de misterio y fantasía y, por otro lado, vive gracias a las recias construcciones edificadas en época de bonanza, como la Parroquia de la Purísima Concepción, el Túnel de Ogarrio, la Casa de Moneda, El Palenque, entre otros. De las minas, de donde se extraía plata de buena ley, podemos mencionar: Descubridora, Purísima, Guadalupe, Dolores Trompeta, Zavala, Refugio y San Agustín.