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El Centro Histórico del DF recobra su antinguo esplendor


“En el centro no van a trabajar, cabrones”, bufó el alcalde de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, irritado porque vendedores ambulantes exigían volver a las calles del Centro Histórico de donde habían sido expulsados el pasado 12 de octubre.

Reubicar en plazas establecidas a alrededor de ocho mil comerciantes informales de la zona fue el último paso para dejar la zona reluciente y atractiva, a la altura de la Plaza de San Marcos, en Venecia; la Plaza Mayor, en Madrid, o el centro de Manhattan, en Nueva York.

El Centro Histórico del Distrito Federal es hoy un sitio por el que se puede caminar libremente por las calles adoquinadas que resumen la historia del México prehispánico, colonial, independiente y moderno en sus 668 manzanas que albergan 1,436 edificios de valor monumental entre templos, museos, galerías, teatros, centros culturales, hoteles y tiendas de ropa.

“Es como si estuvieras en otro lugar”, comenta Alfonso Sedano a laopinion.com, un turista originario de León, Guanajuato, que no visitaba el centro de la capital mexicana desde hacía ocho años: temía regresar porque unos pandilleros lo habían golpeado para arrebatarle su cartera.

“Ahora está limpio, ya no hay gente drogándose en la calle, incluso se puede andar por la noche con confianza… es un paraíso: la catedral, las ruinas aztecas, los murales de Diego Rivera en Palacio Nacional. La verdad no creo que haya lugares tan intensos y mágicos como éste”, agrega.

De hecho, el Centro Histórico —donde la Ciudad de México fue fundada en 1325— es Patrimonio Cultural de la Humanidad declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Pero la designación peligró durante lustros. El centro ingresó en una espiral de decadencia acelerada por el terremoto de 1985 que dejó 35 mil muertos y miles de construcciones derribadas.

De esta forma, el Centro Histórico perdió la tercera parte de su población, entre los fallecidos y los que huyeron a sitios de menor riesgo sísmico.

Así se aceleró la cultura de la ilegalidad: ambulantaje, plantones, invasión de predios solapados por partidos políticos, basura, evasión fiscal, giros negros, prostitución, pandillerismo y drogadicción.

Las mafias tomaron el control. Entre los ambulantes, por ejemplo, Alejandra Barrios, líder de la Asociación Legítima Cívica Comercial, llegó a aglutinar al mayor número de comerciantes informales del centro, con cerca de cuatro mil afiliados que debían pagar a la dirigente cinco dólares diarios o dos mil por un espacio permanente de venta.

La inseguridad se agudizó: siete de cada 10 delincuentes capturados en la capital mexicana decían tener su morada en alguna de las calles céntricas pues vieron en la monumentalidad derruida oportunidades de vivir a bajo costo y cobijo para actividades informales y delictivas.

“A esta gente le es indiferente un simple bodegón de lámina o un palacio barroco y para mala fortuna de la sociedad al palacio barroco se le da trato de bodegón de lámina”, dictaba el informe del Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México, creado en 1990, pero que impulsó con ímpetu en 2001 el entonces alcalde de la metrópoli Andrés Manuel López Obrador.

Desde entonces y hasta 2006 el gobierno del Distrito Federal ha invertido 4.5 millones de dólares en obra , supervisión, mobiliario urbano, iluminación de inmuebles y jardinería. Contrató a 13 de los mejores arquitectos del país.

También pagó otros 4.5 millones de dólares al ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, por asesorías en el desarrollo de un programa para reducir la delincuencia bajo el mandato de “Cero Tolerancia”.

Carlos Slim, el empresario más rico del mundo, según la revista Forbes, se animó a participar en la reconstrucción.

En julio de 2001, Slim creó la compañía Centro Histórico de la Ciudad de México (Centmex) como sociedad de capital variable, destinada a la compra, venta y arrendamiento de bienes inmuebles.

En 2003 la firma tenía 48 edificios en la zona con un valor de 48 millones de dólares y 29 mil metros cuadrados en conjunto.

Tres años después, obtuvo un incremento de 58% en el valor neto de sus inmuebles, al pasar a 76 millones de dólares a pesar de que sólo adquirió ocho edificios más en el lapso, según el reporte anual que presentó a sus inversionistas y a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV).

A la fecha, Slim se ha convertido en dueño de los hoteles Virreyes, Bamer y Señorial: una escuela, 17 edificios habitacionales, 28 de uso comercial y ocho estacionamientos.

El objetivo se cumplió: el aburguesamiento del Centro Histórico incrementó el valor de los espacios y atrajo la inversión. Manuel Arango, el empresario que fuera dueño de la cadena de autoservicio Aurrerá, fundó la compañía Lomelí-Collet y actualmente también es partícipe de la transformación.

Paralelamente, las oficinas de Bellas Artes, Antropología e Historia y Turismo impulsan actividades culturales con el propósito de atraer a la comunidad intelectual del país.

Se realizan recorridos turísticos a bordo de autobuses especiales denominados “turibús” durante los sábados y domingos; exposiciones fotográficas, conciertos , teatro y danza con mimos, estatuas vivientes, monociclos, saltimbanquis, zanqueros, payasos, malabaristas, acrobacia aérea, magos y bailarines.

El cambio es evidente. Incluso comerciantes establecidos en los centros históricos de Puebla y Monterrey han pedido asesoría a Marcelo Ebrard para controlar el comercio informal en las calles.

Mientras tanto, Ebrard asegura que su siguiente paso será recuperar Xochimilco, uno de los cinco lagos que forman la cuenca lacustre del Valle de México, considerado también Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, que ha sido invadido por construcciones y comercio irregular.

Está envalentonado. Sabe que la ciudad puede renacer de sus cenizas y se puede enfrentar a cualquiera.

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Comentarios

2 Respuestas para “El Centro Histórico del DF recobra su antinguo esplendor”

  1. Manuel C. Levy Noviembre 29th, 2007 3:27 am

    Hola, mi nombre es Manuel, egresado del Colegio de Literatura dramática y teatro de la UNAM. Tengo una especialidad en pantomima y clown en Barcelona y París. Hoy en día no tengo un lugar dónde trabajar, porq las políticas de limpia del SR. Ebrard se han extendido hasta quienes llevamos nuestra expresión artística en las calles. No más mimos ni musicos ni arte en el Centro Histórico. No sé porq aplauden tanto las polítcas de Ebrard a las cuales notablemente les falta OBJETIVIDAD. un mimo prefesional no es un comerciante informal. Yo vivo de mi trabajo, y hoy gracias al Sr. Marcelo, no lo tengo.

  2. Francisco Arellano M del C Enero 28th, 2008 5:02 pm

    La ciudad de México es como una gran máquina con problemas y la mejor forma de hacer un cambio es depurando la mugre que se va acumulando con el uso y paso del tiempo, esto crea un gran deterioro y un impacto en la imagen urbana que traen como consecuencias problemas de salud, contaminación e irritabilidad en la vida cotidiana de quienes la habitamos. A mi en lo particular me parece bien esta desición por que el centro histórico ya estaba muy maleado, las artes escenicas por otra parte podrían realizarse como eventos previamente planificados dentro de la delegación, así se evitaría la informalidad y la degradación. Este tema si bien a unos les afecta, a otros les conviene. Lamento la situación de Manuel por que parte del patrimonio cultural, también es la gente y sus formas de expresión.

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