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La Perifería de Durango – México

Posteado el Jueves 7 de Diciembre, 2006 - Categorizado en Atractivos, Durango, Turismo en Mexico

Hacienda Ferrería Las Flores: por su belleza y aire antiguo sus instalaciones han sido el escenario perfecto para el rodaje de más de 10 películas, dos exitosas novelas (Alondra y Clarisa), varios cortometrajes y numerosos avisos publicitarios, siendo el objetivo principal de estas filmaciones, su bucólica y nostálgica casa hacienda, edificada en 1855.
Pero esta historia va más allá de un boom audiovisual. Las Flores fue la primera fundición de hierro de Durango y fue creada en 1826, con el nombre de Piedras Azules, denominación que cambiaría por la actual en 1849.
Los años iniciales del negocio fueron exitosos, pero la aparición de la moderna ferrería San Francisco motivó su cierre temporal en 1893. Tiempo después, cuando sus propietarios trataron de reflotarla, un terrible incendió devoró sus instalaciones.
La quiebra definitiva se produjo en 1899, entonces la hacienda quedó abandonada, siendo víctima del deterioro ocasionado por esa sociedad implacable que forman el descuido y el tiempo.
Luego de 66 años de olvido, la casa hacienda fue restaurada, recuperando su prestancia. Otra vez sus puertas y ventanas de madera con rejas de fierro, sus pisos, arcos y escalinatas de cantera y aquellas vigas resistentes que sostienen sus techos lucieron como en sus mejores tiempos, convirtiéndose en la locación favorita de productores y directores, pero, también, de las autoridades del Estado, que decidieron convertir sus ambientes en las salas de un interesante museo.

Museo Guillermo Ceniceros: exhibe las obras de este artista durangueño, quien en 1998 donara a la ciudad gran parte de sus lienzos. Las autoridades pensaron que la hacienda Las Flores sería un lugar apropiado para mostrarlas.
Y no se equivocaron, porque el arte contemporáneo de los cuadros de Ceniceros contrastan espléndidamente con las viejas arquitecturas de la ex hacienda.
El museo tiene 11 salas, 5 con las obras de Ceniceros y las restantes con trabajos de otros artistas contemporáneos de gran trayectoria. Se puede visitar de martes a viernes desde las 10:00 hasta las 19:00 y los sábados y domingos desde las 11:00 horas.
La Hacienda Ferrería Las Flores está localizada a 4 kilómetros de Durango. Se debe tomar la avenida Domingo Arrieta y, luego, la carretera Estatal.

Grutas del Rosario: una cavidad natural permite acceder a una caverna con extrañas formaciones calcáreas y una gran cantidad de estalactitas y estalagmitas, formadas durante miles de años por la filtración de aguas calizas carbonadas.
Para ingresar en la gruta hay que recorrer, aproximadamente, 500 metros, durante los cuales van apareciendo “chimeneas”, “castillos”, “tronos” y hasta “monstruos”, nombres con los que los pobladores han bautizado a las inusuales formaciones pétreas. Otras, debido a su sonoridad, son llamadas “arpa”, “timbal”, “piano”, “cuerdas y metales”.
La gruta se encuentra en Mapimí, en el distrito de Lerdo (20 kilómetros de Durango). Se recomienda explorar la zona en compañía de un guía experimentado que cuente con lámpara y linternas.

Zona El Silencio: es un lugar enigmático y misterioso, porque aquí las brújulas enloquecen y no encuentran el norte, los relojes detienen su andar, se pierden las ondas radiales y, de vez en cuando -aseguran algunos- el cielo es sobrevolado por objetos extraños (ovnis).
Considerado un polo de concentración de la energía terrestre, El Silencio es un enorme desierto blanco (por la sal que contiene) rodeado de montañas con cráteres originados por la caída de meteoritos, los cuales han dejado sobre la superficie fragmentos espaciales y polvo metálico.
Las noches en El Silencio son simplemente mágicas y permiten sentir la fuerza del universo. Solo hay que levantar los ojos y disfrutar del firmamento abarrotado de estrellas o echar un vistazo por los telescopios instalados en la zona, para descubrir nebulosas y lejanas galaxias.
Aparte de sus misterios y aura esotérica, este pedazo del desierto es el hábitat de una fauna singular, como la rata canguro, pequeño roedor que durante su año de vida no toma ni una sola gota agua (el líquido que necesita lo extrae de las semillas con las que se alimenta) o la tortuga gigante, una de las más grandes y extrañas del planeta, por no tener cola y no poder ocultar su cabeza en su caparazón (sus ojos amarillos la protegen de la radiación solar).
El Silencio es parte de la Reserva de la Biosfera de Mapimí, creada en 1978. Tiene 50 kilómetros de extensión y está localizado en el vértice que conforman los estados de Durango, Chihuahua y Coahuila. Los estudios demuestran que hace 500 millones de años esta área geográfica estuvo cubierta de agua (mar de Thetis). En el lugar se han encontrado yacimientos de fósiles marinos. También hay restos arqueológicos.
Para visitar El Silencio hay que tomar la carretera 49 hasta el poblado de Cevallos, donde se debe seguir un camino vecinal de 65 kilómetros. Se recomienda contar con la compañía de un guía.

Espinazo del Diablo: es un mirador natural de las majestuosas estribaciones de la Sierra Madre Occidental (2,200 msnm). El panorama es realmente espléndido: se observar una tupida alfombra verde que se pierde en el horizonte, la cual está formada por pinos y encinos.
Se encuentra en el kilómetro 168 de la carretera 40, cinta de asfalto que une Durango con el puerto de Mazatlán.

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Museos, teatros, cultura de Durango – México

Posteado el Jueves 7 de Diciembre, 2006 - Categorizado en Atractivos, Durango, Turismo Cultural, Turismo en Mexico

Instituto Cultural de Durango: a finales del siglo XIX, el gobierno de Porfirio Díaz (1876 a 1911) proyectó la construcción de una serie de edificios de estilo francés, que servirían como unidades hospitalarias, pero la crisis presidencial y el inicio de la Revolución Mexicana impidieron la conclusión de las obras por falta de presupuesto.
En Durango, el edificio inconcluso se convirtió en cuartel de la infantería y la caballería hasta 1916, año en el que sus ambientes se transformaron en las aulas de una escuela. Posteriormente, en 1938, el Estado creó un internado para los niños de escasos recursos económicos.
Durante el gobierno de Maximiliano Silerio Esparza, la monumental infraestructura se convertiría en el Conjunto Cultural Durango y, partir del 6 de mayo de 1999, en el Instituto de Cultura del Estado de Durango, denominación que hasta hoy mantiene.
El conjunto está formado por 19 edificios, 16 de los cuales son parte del proyecto original, los restantes fueron levantados en el siglo XX. Su extensión total es de 62,000 metros cuadrados, con un área construida de 8,770 metros cuadrados.
El Instituto Cultural del Estado de Durango fue declarado Monumento Histórico por el Instituto de Antropología e Historia en el año 1982. Se encuentra en la avenida 16 de Setiembre 130, colonia Silvestre Dorador.

Teatro Ricardo Castro: a finales de la década del 80 del siglo XIX, el gobernador de Durango promulgó un decreto bastante singular: el estado cedería un terreno a la persona que se comprometiera a construir un teatro. Y aunque tardó en ejecutarse, la medida fue exitosa, porque el 12 de noviembre de 1900 se colocaba la primera piedra de la obra.
Lamentablemente el dinero no alcanzó para terminar con el proyecto, entonces, el gobierno se comprometió a continuar con la tarea, pero, como ocurre tantas veces, el viento se llevó la promesa de las autoridades estatales y, si no fuera por el aporte financiero de un ciudadano común y silvestre, es muy probable que el teatro todavía anduviera a medio hacer.
Pero más allá de las triquiñuelas burocráticas, lo realmente destacable es la imponente belleza del teatro, con su fachada labrada en cantera y líneas neoclásicas, destacando la profusa decoración de sus balcones y un medallón con la imagen de Federico Chopin en la ventana central de su frontis. En general, su ornamentación es de estilo francés, muy popular por aquellos tiempos.
El 24 de junio de 1951, un incendio ocasionó graves daños en el edificio, quedando solamente en pie sus paredes exteriores. La remodelación fue financiada por la Sociedad Duranguense. Actualmente, el teatro tiene 1,000 localidades y 9 palcos, y, en su interior, hay que observar con detenimiento los grandes murales con alegorías de la formación de la ciudad y explotación del cerro Mercado.
La sala lleva el nombre del durangueño Ricardo Castro, uno de los más notables compositores de México. En reconocimiento a su obra, se ha erigido una estatua en su honor en el frontis de esta belleza arquitectónica, localizada en la avenida 20 de Noviembre s/n.
El teatro Ricardo Castro puede ser visitado todos los días desde las 10:00 hasta las 19:00 horas, siempre y cuando no exista algún evento artístico.

Teatro Victoria: se inauguró en febrero de 1800 para conmemorar el centenario de la independencia. Recibió el nombre de Victoria, en honor al primer presidente de México, el durangueño Guadalupe Victoria.
Su fachada de estilo neoclásico fue remodelada a principio del siglo XX. Actualmente es un Centro Cultural. Se encuentra en la calle Bruno Martínez 332, junto al Palacio de Gobierno. Puede ser visitado todos los días desde las 10:00 hasta las 19:00 horas.
Teatro al aire libre El Calvario: es de estilo griego y su foro de forma semicircular tiene 15 metros de frente y 7 metros de fondo. Rodeado de áreas verdes, es una buena opción para entretenerse y, de paso, darle un vistazo panorámico a Durango, porque este espacio cultural se encuentra en lo alto del cerro Calvario.
Casa del Conde Súchil: es el edificio colonial de uso civil más hermoso de Durango y, probablemente, del norte de México. Construida durante la segunda mitad del siglo XVIII, muestra en su portada pilastras de sillar de cantera, rematadas por dos grandes pináculos en la cornisa superior, mientras que en su interior hay muchísimos adornos de estilo rococó en alto relieve, expresión clara de la riqueza del propietario y de la bonanza económica del Estado.
Entre sus primorosos detalles arquitectónicos destacan el uso de estípites (elemento en forma de pirámide invertida) en el segundo nivel y las pilastras que enmarcan las puertas del primer piso; y, desde el punto de vista artístico, una imagen en cantera de San José con el Niño en los brazos, santo patrono del dueño original de la casa, el conde del valle de Súchil.
En el siglo XIX el edificio fue utilizado para el comercio, siendo conocido como la Casa Cadena. En 1988 la vivienda fue restaurada. En la actualidad es la sede de una institución bancaria.
Se encuentra en la esquina sur oeste de las calles 5 de febrero y F.I. Madero.
Museo Regional de Durango: sus 14 salas exhiben invaluables tesoros arqueológicos y antropológicos de los pueblos del norte de México, además de una importante colección de objetos religiosos de la época colonial. Entre sus piezas, destaca un mural en tela sobre la vida del general Francisco “Pancho” Villa, quizás el más célebre de los durangueños.
Adicionalmente el museo cuenta con una sala de exposiciones temporales, una interesante y variada pinacoteca y una bodega de bienes culturales, que conserva importantes piezas arqueológicas, lienzos y fotografías, importantes testimonios del arte y la historia de Durango.
La sede del museo es el llamado edificio del Aguacate, un inmueble diseñado bajo los cánones de los palacios parisinos. Construido en 1896, es uno de los más bellos del Centro Histórico, porque muestra labrados en piedra de estilo versallesco y una monumental puerta de madera tallada por ebanistas de la ciudad, la cual conserva sus cristales originales.
Se encuentra entre las calles Victoria y Aquiles Serdán. El horario de visitas es de martes a domingo desde las 09:00 hasta las 13:00 y desde las 16:00 hasta las 17:00 horas.

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Atractivos de Durango – México

Posteado el Jueves 7 de Diciembre, 2006 - Categorizado en Atractivos, Durango, Turismo Cultural, Turismo en Mexico

Las calles evocadoras del centro de Durango conducen a imponentes edificios de reminiscencias coloniales o de ornamentados aires franceses. Una combinación extrañamente fascinante que envuelve a la ciudad, convirtiéndola en un deleite para el viajero.
Pero la travesía no se reduce al andar pausado por las bucólicas calles del Centro Histórico, sino que se prolonga y se torna cinematográfica en sus nostálgicos alrededores, donde se han rodado más de un centenar de largometrajes, con la participación de estrellas de la talla de Paul Newman y John Wayne, por citar solo a dos estrellas del séptimo arte.
La aventura y el misterio también tienen su espacio en Durango, especialmente en la Zona El Silencio, un desierto de sal donde las brújulas no encuentran el norte y la ondas radiales se extravían misteriosamente; o en la gruta del Rosario, una caverna con extrañas formaciones calcáreas y una gran cantidad de estalactitas y estalagmitas.
Y su itinerario viajero tendrá más escalas. Usted empezará a conocer en las siguientes líneas:

Atractivos en la ciudad

Catedral de Durango: es la primera iglesia que se construyó en la ciudad. En sus inicios fue una modesta parroquia de adobe con techo de paja y recibió el nombre de San Mateo. Su actual estructura -mezcla de diversas corrientes arquitectónicas- fue levantada entre 1685 y 1787, siendo consagrada como Catedral el 31 de agosto de 1844, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción.
Este monumental reducto de la fe católica presenta una fachada de estilo barroco. En su cornisa hay una cruz de hierro forjada fundida en España, junto con los balcones de la torre poniente y los barandales del altar mayor.
Las portadas laterales de la Catedral fueron construidas entre 1764 y 1775 y son de estilo churrigueresco. Ya en su interior, el templo atesora piezas de incalculable valor, como su sillería de 1715, con 57 asientos de madera tallada y cubiertos de oro. Además hay un tablero con 33 esculturas que representan a los santos de la iglesia.
Otra pieza deslumbrante es la escultura de la Purísima Concepción, tallada en una sola pieza de marfil. Se cree que proviene de las Filipinas y que fue elaborada en 1764.
La Catedral se encuentra en la avenida 20 de Noviembre s/n, frente a la plaza Principal. Puede ser visitada todos los días desde las 09:00 hasta las 19:00 horas.
Presidencia Municipal (Palacio Escárzaga): a fines del siglo XIX, Pedro Escárzaga Correl, uno de los mineros y comerciantes más poderosos de la región, decidió invertir una pequeña parte de su fortuna en la construcción de una casona que estuviera a la altura de su ingente riqueza, para lo cual contrató al prestigioso ingeniero Estanislao V. Slonecki, quien había diseñado varios de los edificios emblemáticos del gobierno de Porfirio Díaz (1876 a 1911), mandatario que estaba empeñado en darle un aire europeo a las ciudades del país.
El resultado de tan ambicioso proyecto fue el fabuloso Palacio Escárzaga, una construcción sobria y majestuosa, similar a un viejo hotel francés. Sus muros exteriores son de cal y canto, pero su interior es una perfecta combinación de piedra y adobe. A esta glamorosa mansión se ingresa por una gran puerta levadiza de fierro, única en Durango.
En 1917 se inició la demolición del ala norte del palacio, para un mejor alineamiento con la calle 20 de Noviembre. Actualmente, este sector muestra una arquitectura distinta al resto de los monumentales ambientes.
Años después, en 1930, el inmueble pasó a manos del ayuntamiento, convirtiéndose sus lujosos salones en las oficinas de la junta municipal. Bajo la administración de la comuna se realizó una ligera remodelación y se encargó al artista durangueño Francisco Montoya de la Cruz la elaboración, en 1954, de un mural de tres cuerpos sobre la historia de la ciudad.
Se encuentra en el Centro Histórico, a una cuadra de la Catedral. El Palacio puede ser visitado desde las 08:00 hasta las 20:00 horas. Si el recorrido es un viernes por la mañana, observará la sesión pública del Cabildo de Durango.

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Viajes y Turismo – Durango – México

Posteado el Jueves 7 de Diciembre, 2006 - Categorizado en Atractivos, Durango, Turismo Cultural, Turismo en Mexico

Ciudad de película. Bella, luminosa, perfecta por su cielo diáfano. ¡Luces, cámaras, acción! y comienza a rodarse una escena en una calle virreinal, en un paraje indómito y agreste o, quizás, en los bucólicos pasillos de una noble casa hacienda tanta veces filmada, tantas veces proyectada en la pantalla grande del sétimo arte.
Y es que Durango por su cariz antiguo y su aire cargado de pasado fue el escenario dilecto, la locación engreída para rodar las clásicas películas del viejo oeste, esos filmes trepidantes y llenos de aventuras con vaqueros valientes, bandidos taimados y lindas señoritas que regalaban gracia y coquetería en los mustios ambientes de un saloon.
Todo comenzó con la filmación de Pluma Blanca, en 1954. Luego, Durango se convertiría en la “tierra del cine”, especialmente del western, al rodarse más de 120 películas, al construirse un “corredor cinematográfico” con edificios y ranchos, similares a los del oeste norteamericano. Tiempo después se levantaría los Álamos, un pueblo ambientado en la década del 40 del siglo pasado.
¡Corten!se acaba la escena. Durango ya no es la “meca” del cine western, sino un valle lindísimo y acogedor, ideal para quedarse y echar raíces. Así lo hicieron los conquistadores españoles, quienes fundaron la ciudad el 8 de julio de 1562, sin saber, en ese entonces, que en la zona había importantes yacimientos de minerales.
El crecimiento y esplendor arquitectónico del Durango colonial (palabra que significa “más allá del agua”) se cimentó en la riqueza de sus minas y en la abundancia de sus recursos naturales.
La prosperidad económica se plasmó en la construcción de monumentales iglesias y casonas de aire afrancesado, muchas de las cuales se mantienen en pie hasta el día de hoy, trasladando al viajero a esa época lejana de bonanza y derroche, de lujo y boato, pero también de opresión hacia los naturales, los descendientes de las grandes civilizaciones mesoamericanas.
En el Centro Histórico de la ciudad se yergue la joya arquitectónica de mayor relevancia de Durango: la Catedral, erigida entre 1685 y 1787 sobre una modesta parroquia de adobe con techo de paja, que era llamaba San Mateo.
Imponente y sobrecogedora, esta ecléctica Casa de Dios conserva entre sus reliquias una singular escultura de la Virgen de la Purísima Concepción, hecha con una sola pieza de marfil, aunque su tesoro más preciado es su sillería de 1715, con 57 asientos de madera tallada y cubiertos de oro.
La exquisita arquitectura colonial de Durango, capital del estado del mismo nombre, se complementa con un espléndido entorno natural. No se debe dejar de visitar lugares fantásticos como la misteriosa zona El Silencio, un desierto de sal cargado de energía, donde las brújulas no hallan el norte, los relojes dejan de andar y las ondas radiales se pierden.
Otro espacio natural que escarapela la piel es el Espinazo del Diablo, un camino rodeado de barrancas que se convierte en un privilegiado mirador de la Sierra Madre Occidental (2,200 msnm).
Durango, a 903 kilómetros de la Ciudad de México, fue la cuna de Doroteo Arango. ¿De quién? se preguntará usted con justificada razón, pero el tal Doroteo fue, nada más y nada menos, que el mítico Francisco “Pancho” Villa, apodado como el “Centauro del Norte”, uno de los líderes emblemáticos de la Revolución Mexicana de principios del siglo XX.
Un lugar que no puede quedarse fuera del recorrido viajero es el Mercado Gómez Palacio (a cien metros de la Catedral). Aquí encontrará artesanías fabricadas por hábiles artesanos que realizan maravillas de cestería (bolsas, petates, canastas, sombreros y curiosos objetos decorativos); además podrá adquirir delicadas figuras talladas en madera.
Y después de una mañana de compras en la ciudad no hay nada mejor que probar un tradicional caldillo durangueño preparado con filete de res frito con ajos, cebollas, jitomates y chiles. Y si lo que desea es endulzar su paladar está obligado a degustar los dulces de nuez, almendra y manzana.
En estos tiempos modernos, la economía de Durango sigue sustentándose en la minería (oro y plata), pero también se ha logrado un importante desarrollo agrícola y ganadero, siendo en este campo el primer Estado productor de leche caprina, materia prima con la que se fabrican quesos de sabor inolvidable, capaces de seducir los gustos más refinados.
Delicias producidas, principalmente, por los menonitas, una comunidad religiosa que trata de mantenerse alejada de las “ventajas” tecnológicas del mundo moderno (aunque ya han aceptado la electricidad y los automóviles).
Los primeros menonitas llegaron a Durango a principios del siglo XX, agrupándose en los alrededores de la capital estatal. Desde entonces, se dedican al cultivo de la tierra y a la preparación de quesos y embutidos. Ellos son autosuficientes y defienden férreamente su fe y costumbres.
Al visitar Durango, “la tierra del cine”, usted se volverá el protagonista de una gran película. Sí, de esa película que se proyecta en la memoria de los viajeros cuando vuelven a casa, aquella que queda grabada para siempre en la mente y en el corazón. El filme será tan exitoso que no tendrá dudas en rodar una segunda parte. ¡Luces, cámaras, acción!

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Historia de Durango – México

Posteado el Jueves 7 de Diciembre, 2006 - Categorizado en Durango, Historia, Turismo Cultural, Turismo en Mexico

Durango, junto con los estados de Chihuahua, Sonora y Sinaloa, constituyó la unidad histórico-geográfica del México del Norte, que abarcó la mayor parte del actual milenio, hasta que reorganizaron los territorios después de la lucha independentista, surgiendo de ella entidades independientes.
Esta amplia zona representó el corredor natural que ofrece la Sierra Madre Occidental a las tribus toltecas y nahuatlacas, que aprovecharon los accidentes propios de las grandes conformaciones pétreas, para sobrevivir a lo agreste del territorio. Las cuevas representaron para las tribus que circulaban entre el México Septentrional y el Valle de Anáhuac, la única seguridad para su existencia, convirtiéndose en casa-estado, para constituir pequeñas comunidades, unidas por la religión y el idioma.
Huicholes, coras, tepehuanos y tarahumaras, integraron naciones perfectamente diferenciadas, con propósitos sedentarios evidentes, con una estructura familiar firme y dejando a un lado la actitud belicosa de las tribus chichimecas del centro de la actual República. La excepción la constituyen acaxees, humas, hinas y xiximes, en guerra siempre, pero buscando los asentamientos definitivos en la región de las Quebradas.
Por el margen oriental del estado se descubre una zona longitudinal que va del actual estado de Zacatecas a la región lagunera, entre las entidades de Coahuila y Durango; los indios laguneros y chichimecas recorren indistintamente esta zona, caracterizándose por su actitud rebelde, inestable y por su tendencia a la caza y a la recolección como fuentes de abastecimiento. Su desnudez y costumbres religiosas también los identifican.
Los cuatro estados que hemos mencionado antes, también formaron parte de la provincia de la Nueva Vizcaya, antigua denominación que se utilizó en la época virreinal para designar al territorio descubierto por el Capitán Francisco de Ibarra entre 1554 y 1567, el cual partió de Zacatecas con el apoyo del Comendador Diego de Ibarra, su tío, y del Virrey de Velasco. Sin embargo, Nuño de Guzmán, Cabeza de Vaca, Ginés de Mercado Vázquez y Juan de Tapia realizaron anteriores expediciones y conquistas que no prosperaron, pero abrieron el camino para la conquista y colonización de la mayor zona del país, superior en extensión, entonces, al actual territorio nacional, pues se prolongaba a los actuales estados de Arizona, Nuevo México y Texas.
El 8 de julio de 1563, Francisco de Ibarra y su pequeño ejército, fundaron la Villa de Durango, capital de la provincia, la cual estuvo a punto de desaparecer en numerosas ocasiones, pero resistió sirviendo de apoyo para el establecimiento de numerosas fundaciones y conquistas que hoy cobran singular importancia. Es el caso de las ciudades de Saltillo (Coahuila), Santa Fe (Nuevo México), Chihuahua y Parral (Chihuahua) y numerosas poblaciones que van desde Nayarit hasta la Alta California.
Los franciscanos primero y los jesuitas posteriormente, atendieron la evangelización de la Nueva Vizcaya, sentando las bases de un gran obispado que al final absorbería su actividad eclesiástica para conservar a partir del siglo XVIII, únicamente la misional. Nombre de Dios, Peñol (Peñón Blanco), San Juan Bautista del Río, Analco, Indé, Topia, La Sauceda, Cuencamé y el Mezquital surgieron por la labor evangelizadora de los religiosos de la orden de San Francisco, Mapimí, Santiago Papasquiaro, Tepehuanes, Guanaceví, Santa María del Oro, Tamazula, Cerro Gordo (Villa Ocampo), San Juan de Bocas (Villa Hidalgo) y dos establecimientos que originalmente pertenecieron a los franciscanos, La Sauceda (Canatlán) y Cuencamé, fueron atendidos por los religiosos de la Compañía de Jesús a invitación del Gobernador neovizcaíno Rodrigo del Río de Lossa.
Las grandes rebeliones de los tepehuanos y tarahumaras ocuparon la atención de los europeos, en medio del terror que despertaban entre la población ibérica del actual Estado de Durango. Los primeros ocuparon la mayor parte del siglo XVII y la nación tarahumara agudizó sus ataques en el siguiente siglo.
Cuando parecía que se alcanzaba la paz en México del Norte, surgieron las tribus apaches y comanches, con desplazamientos entre los estados del sur de la Unión Americana y la Provincia de la Nueva Vizcaya fundamentalmente. Sus incursiones se prolongaron hasta las postrimerías del siglo XIX, en la época del Porfiriato.
En medio de tal situación sobrevivió la Villa de Durango, convirtiéndose después en ciudad, por la preocupación de sus habitantes de captar la atención de la corona, y obtener los recursos que le permitieran someter a las tribus rebeldes. A partir de 1631 se le reconoció la categoría de ciudad en la documentación oficial y Felipe IV le concedió su escudo de armas, lo que le valió superar la crisis que amenazaba con trasladar la capital a Parral.
El establecimiento de presidios en México del Norte, dio seguridad a las poblaciones sumergidas en el aislamiento característico del territorio. Las nuevas rutas unían los campamentos militares y surgió así el Correo de las Provincias Internas, esquema de gobierno adoptado por el monarca español en 1767.
El territorio neovizcaíno se fue fraccionando en el período virreinal, apareciendo primero la Provincia de Sinaloa, que incluyó entonces a Sonora y Arizona. Después se separó una parte del actual estado de Coahuila y con la Constitución de 1824 se dividió en provincia, surgiendo entonces los estados de Durango y Chihuahua, y anexando algunos municipios al estado de Zacatecas.
Durango no escapó a las grandes luchas nacionales entre conservadores y liberales y la capital fue tomada en varias ocasiones por representantes de ambos bandos, como el caso del sitio impuesto por Coronado y Patoni en 1858 para la causa liberal, y la intervención francesa que entre 1864 y 1866 ocupa el estado con el apoyo de las fuerzas conservadoras.
En el tiempo que estuvo Porfirio Díaz al frente de la República, Durango supo también de dictaduras locales como la del Gobernador Juan Manuel Flores, quien ostentó el cargo entre 1884 y 1897, año en el que fallece. El segundo caso es el de Esteban Fernández, quien se reelige en 1908, después de su período de cuatro años, para dejarlo en 1911.
Durante el Porfiriato, Durango se integra a la red de ferrocarril y de telégrafos que se tendió en el país, con lo que surgieron nuevas zonas; en el caso de la Región Lagunera en la que nacen las poblaciones de Lerdo y Gómez Palacio, ahora de enorme importancia. El ferrocarril conecta también a la capital del estado con la Ciudad de México y las poblaciones fronterizas, lo que le permite la comercialización de los artículos producidos en la región, y el transporte de los recursos minerales para su exportación.
La Revolución Mexicana tiene en Durango uno de los principales escenarios, y del medio rural surgen importantes figuras que habrán de favorecer a los maderistas, como: Francisco Villa, Calixto Contreras y Severino Ceniceros, de extraordinario historial en las luchas populares comprendidas entre 1910 y 1924. El 21 de noviembre de 1910, J. Agustín Castro y Oreste Pereyra se levantan en armas en la Región Lagunera, al mando de un pequeño grupo que se uniría a las fuerzas de Francisco I. Madero, al poco tiempo de su asesinato.
El fraccionamiento ejidal se incrementaría con el gobierno de Enrique R. Calderón, a quien tocó ejecutar las disposiciones del Presidente Cárdenas relativas a la distribución de 100 mil hectáreas en la Comarca Lagunera de Durango, y la conformación del Municipio de Tlahualilo, desprendiéndose de Mapimí y Gómez Palacio.
A la mitad del siglo se inició la cruzada educativa que dio a Durango importantes centros de estudios superiores como fueron el tecnológico y la universidad, esta última sobre la base del antiguo Instituto Juárez, cuyo origen se remonta al siglo XVIII como colegio atendido por la Compañía de Jesús.
En ese tiempo surgió también el municipio de Vicente Guerrero, desprendiéndose de Súchil, para completar el modelo geográfico que hoy muestra el estado de Durango, con modernas vías de comunicación que en la forma de carreteras asfaltadas conectaron la mayoría de los municipios con su capital y a ésta con importantes ciudades del país.
En la actualidad, Durango es una entidad muy prospera y un importante centro minero y comercial, gracias a su Cerro del Mercado, uno de los yacimientos de hierro mas ricos del mundo. Además, en este estado existen innumerables bellezas naturales, como la hermosa catarata el Salto, el cañón de Dinamita y las grutas el Rosario y Escarlatas de Mapimí. Cuenta con diversas zonas arqueológicas, como la Ferreira, donde se hallaron vestigios de cerámica precolombina; Malpaís, con símbolos y figuras tallados en la roca; y Cerro Blanco, conjunto de construcciones prehispánicas. En su capital hay magníficos edificios coloniales como La Catedral y el Palacio de Gobierno, así como bellas construcciones más recientes, como la presidencia municipal, del siglo XIX, el Teatro Victoria y la Universidad Juárez. Otros atractivos turísticos de Durango son los balnearios de agua termales, parques, presas e interesantes museos. La comida duranguense es un es exquisita y sumamente variada. Un platillo típico es el caldillo durangueño, que se prepara con filete de res frito con ajos, cebollas, jitomates y chiles. Los quesos duranguenses son muy apreciados en todo el país, como el queso asadero, queso cocido y el queso menonita. El chorizo y los dulces típicos son otras especialidades del estado. La residencia del gobierno duranguense está en la capital del estado, cuyo nombre oficial es Victoria de Durango.

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